La soledad

La soledad no es solo de aquellos que están realmente solos. La dura realidad he descubierto, es que la soledad nos asecha a todos. Está detrás de la puerta esperando esa oportunidad, de verte con la cabeza baja, y con mirada de desilusión… y aunque sea por unos minutos vendrá a bailar frente a tu cara, te hará mirar a tu alrededor y te hará sentir solo. Y es aún más triste y patético, te lleva a una depresión relámpago, el saber que puedes salir del cuarto y ver a alguien, o tomar el teléfono y marcar ese número que ya es automático para tí, pero aún así, te sentiras solo… aunque pudieras conectarte con alguien que te comprendiera…

Con los años aprende uno a vivir con la soledad cerca, y se aprende también a espantarla y hecharla lejos mientras se pueda… pero hey… hay momentos tan bajos en el ánimo, que uno desea que la soledad te acompañe unos momentos… te deje pensar… revolver los sentimientos; sin ahogarlos y sin protestar… estar solo… para conocerse en esa circunstancia, en esta situación “déjame estar sola, para saber como soy yo ahora, en este momento, con este alrededor”.

Y así la soledad puede ser agría, te puede sofocar y dar escalofríos, miedo, no, terror… ese pensamiento que siempre late dentro de uno “quizá un día no me logre quitar de encima”, pero también puede ser amiga, puede ser refugio porque después de todo en la soledad solo quedo yo, solo quedas tú… y es ahí donde mejor se logra conocer uno, con uno.

En mi momento de soledad.

 

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